Helado de vainilla: El contraste caliente-frío es clásico y delicioso.
Yogur griego natural: Una opción más saludable que aporta cremosidad y proteínas.
Nueces o almendras tostadas: Para añadir una textura crujiente.
Ricotta fresca: Espolvoreada con un poco de miel para un toque gourmet.